LA OLA Y EL AGUA

LA OLA Y EL AGUA

En el Budismo se utiliza mucho la visualización de la ola y el agua para escenificar dos mundos que están relacionados: el mundo de los fenómenos, donde todo tiene un nacimiento y muerte, es grande o pequeño, alto o bajo, más o menos hermoso y la Unidad. Podemos apreciar que la ola crece y decrece, cómo surge, nace, se entrega y se deshace en el océano. Vemos el movimiento de las distintas olas, unas son más altas que otras, todas únicas y diferentes.

Intuimos también que las olas son agua y que a una ola le es posible vivir

su vida al mismo tiempo como agua. La metáfora equipara la ola al mundo de los fenómenos y el agua representa el mundo numénico. Esta es la danza que nos mueve a los humanos con sonidos que transitan entre lo razonable y algo incognoscible para la razón, más allá de todo tipo de conceptos.

Al abrirnos al misterio de lo infinito, de lo eterno, que en palabras de Ana María Schlüter es un misterio que nos sostiene, comenzamos a observar todo lo que sobra para Ser, sencillamente Ser.  Se van cayendo ideas, fijaciones, aflicciones, batallas perdidas, ilusiones… Vamos soltando todo lo que

nos sobra, liberándonos de apegos, aversiones y falsas ilusiones. Y así, poco a poco, con mucho amor y paciencia entramos en comunión con la armonía de habitarnos completamente. Nuestra mente se llena de un vacío fértil donde sentimos la unidad del agua a la vez que la brisa del viento; donde percibimos el constante cambio y la impermanencia desde una quietud silenciosa que nos invita a vivir un momento sin tiempo. Cesa la lucha por unos instantes eternos y todo está bien en el ahora. Nos damos cuenta de que somos mucho más que esa identidad que nos había absorbido en exigencias sin sentido. Se deshacen las máscaras que nos alejan de ser personas, los velos que ensombrecen nuestro movimiento para dar paso a una mirada más clara y verdadera.

Desde este estado de serenidad, despertamos con fuerza a cada instante, nos hacemos plenamente presentes a la dulzura de existir, en ese estado de clama percibimos la conexión de todo con todo. Comprendemos, perdonamos, agradecemos y respiramos cada paso abiertos a lo nuevo. En esta confianza a la vida, habitamos la verdadera felicidad.  Deshacemos a la vez todas aquellas construcciones mentales que nos separan, que se resisten a construir, colaborar, ayudar y acompañar en el camino. Nos hacemos fuertes en la sencillez de saborear el latido de un corazón que sonríe entre corazones para siempre.

Y es así como la ola se deshace en el Oceano.

 

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