LA IMPERMANENCIA

¿Cuál es la esencia de la meditación?

En el Budismo ser un Buddha es ser alguien que ha despertado a la naturaleza de la vida, la muerte y del mundo en que vive, despierto al cuerpo y a la mente.

Sólo podemos despertar a la verdad que está aquí cuando abandonamos nuestras fantasías, recuerdos y cosas, y venimos al presente.

En este caminar  descubrimos que nos volvemos lo que hacemos; que creamos el modo que será nuestro futuro; que hay una causa efecto en el continuo movimiento de la vida. De manera que si voluntariamente, en paralelo a desarrollar el estado de paz y de calma al que nos lleva la sentada, cultivamos la generosidad, la amabilidad, la conciencia y el dar, seremos felices, sentiremos cómo circula nuestra vida sin temor y descubriremos la felicidad en esta generosidad.

El Buddha nos decía: “Si mantienen un nivel básico de no dañar, que es llamado Virtud, si sus palabras son honestas y útiles, si sus acciones son veraces y útiles, y están basadas en la amabilidad, su mundo comenzara a volverse amable”.

En este caminar despiertos aprendemos a estar en nuestro cuerpo, nuestros sentidos, a percibir la experiencia directa de las cosas y comenzamos a darnos cuenta de algunas características del camino:

La impermanencia: sabes que cuanto más de cerca observas más comprendes que lo que miras está cambiando. Todas tus experiencias de los sentidos cambian. ¿Cómo te relacionas con el cambio? Comienzas a ver que las cosas son impermanentes, que el apego, el aferramiento no funciona. Te encuentras con lo que Alan Watts llamó “la sabiduría de la inseguridad”, la habilidad de fluir con las cosas, de verlas como un proceso de cambio, también ves que hay sufrimiento si nos apegamos a ellas.

Nos sentamos para despertar. Nos preguntamos: ¿Para qué nos sirve darnos cuenta de esta impermanencia?, ¿Qué significado tiene en nuestra vida? Pues esto nos enseña un modo de conciencia, nos invita a tocar la belleza en los valores que se vislumbran eternos, a tener un sentido de la ética, a unir nuestro cuerpo y mente, nuestro corazón y nuestras acciones, a ser conscientes de nuestra habla, nuestros pasos, haciendo de cada una de estas pequeñas cosas parte de lo que nos permite crecer y vivir.

Al permitirnos  saborear en profundidad cada instante presente, nos percatamos también de nuestras limitaciones, y nos acercamos a habitar la sencillez de lo que significa estar aquí, y aprendemos a configurar nuestra humilde y relativa realidad con los sutiles fragmentos de la vida cotidiana. La atención al presente nos permite disfrutamos del camino, ver allá lejos la luz, subir ligeros  los peldaños amorosos, apuntando sin tregua a un para siempre, a un para todos.

Caminar despiertos es asentar en tu cuerpo la felicidad de ayudar con todo nuestro corazón al bienestar de todos los seres, reconocer que siempre has podido hacer un poco más. Es en definitiva encontrar la alegría en la virtud, y como nos indica nuestro sabio y querido maestro Thich Nhat Hanh, poder sonreír con cada respiración.

 

 

 

 

 

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